Entradas

Técnica para acabar con la clase media

Explorando internet descubrí una economista muy interesante.  La técnica para acabar con la clase media, incluso para poder generar una división en las únicas dos clases sociales que le conviene a unos pocos que queden, es:  Intereses  Impuestos  Inflación  Ignorancia  Piénselo…

Cuando el tiempo se congela

  -Prueba mi helado. Es macadamia. -Tu del mio. Es ron con pasas.  -Mitad para ti y mitad para mi. - Bueno.  -¿Sabes una cosa? ¿Qué?  -Pidamos otro más y lo compartimos. -Vale. -Gracias amor. -Gracias a ti Pa. 

Vendiendo el sofá

Nuestro personaje de hoy tiene el nombre de la diosa romana de la caza, pero no estoy autorizado para usar su nombre.  Experta en buscar promociones, descubrió por internet, en la plataforma de un almacén, un sofá ideal para modernizar la sala de su amplio departamento. Rojo fuerte como lo había visualizado, aunque a futuro eso la obligaba a comprar otro tapete.  Después de ocho días llegó el mueble envuelto en un gran plástico y con unos soportes para los brazos, en otro paquete para instalar. Después de destaparlo y buscar cómo colocar los apoyabrazos, tarea que aplazó, se sentó unos minutos frente al sofá nuevo. Algo no cuadraba, La química de la primera mirada se había diluido. No era el rojo de la pantalla. Este era un “ rojo burdel” . así lo definió nuestra compradora. Claro, las mujeres ven muchos más colores y variantes de ellos, que los hombres. Además los apoyabrazos extraíbles implicaba romper la tela para instalarlos en los huecos respectivos.  La compradora l...

Mercado colorado

  El zapatero de la esquina arregló mi  morral rojo, fue uno de los que utilicé para hacer varias escaladas.  Después de más de un mes fuera de mi casa encontré la nevera pelada y tomé el morral y una de esas bolsas que venden a 3500 pesos, para no darles de plástico en el supermercado, y arranqué para la tienda de descuentos.  Como no llevaba una lista de lo que necesitaba caí en la estrategia de Sylvan Goldman, creada en 1937, el carrito de mercado. Al final, tanto el morral como la bolsa se llenaron.  El camino a casa no mostró problemas hasta cuando pasaron cinco cuadras. Morado por el peso, una niña, de unos 13 a 14 años se acercó. -Le ayudo señor, le va a dar algo. Creo que me delataba mi cara colorada y la sudoración, mientras me agarraba de las paredes.  Reconocí mi incapacidad de seguir cargando los paquetes, y me tragué mi orgullo, voy a parar un taxi. 20, 30 y más minutos. Nada, todos ocupados. Por fin paró uno del otro lado del carril y hasta me...

Tengo una marca

  Enrique Gómez Gordillo, un conferencista y experto en mercadeo de México, le dice a sus clientes que si quieren una marca, mínimo deben gastarse 20 años.  Esta mañana vi otro experto, destacando que una marca al final es la suma de experiencias y malestares que asume el cliente respecto a un producto o servicio.  “Algunos están sobre invirtiendo en sus canales digitales y atrás están dejando la lógica que llevó su marca a ser lo que realmente es. Una suma de experiencias”, dijo. Si no eres único para tu cliente, ningún canal , ninguna tecnología y ningún cambio de logotipo rescatará tu marca. Al final las experiencias de los clientes definirán lo que vendes, ahí sí, como una marca. 

Y, si lo hubiéramos intentado

  Damos por sentado que estaremos en este mundo mucho tiempo. por ejemplo, el ser humano espera vivir eternamente.  De ahí los planes comerciales que muchos aplican. - El próximo año hablamos.  Espero que estés ahí, para poder hablar. En finales de noviembre el año no se ha acabado. Ni el presupuesto. Es en realidad tu miedo al fracaso o mejor es tu miedo al éxito, que te podría obligar a trabajar después del 15 de diciembre. Por eso muchas empresas se sabotean y apagan sus procesos comerciales desde mediados de noviembre.  Ojala estés ahí en enero, febrero o marzo, cuando la rutina te dice que el año empieza.  Tu decides, a lo mejor tu competencia está esperando que te vayas de vacaciones o justifiques no hacer nada.  Seguro que esa empresa sí lo hará.

Echar para atrás

  Corregir el camino y revisar una decisión no es un acto de debilidad.  Posiblemente los más fuertes son aquellos que tienen la capacidad de decir: no se que decir, no se que escoger, no se que hacer, me equivoque.  ¿Estamos a tiempo de corregir el rumbo?  Al final no tenemos que demostrar nada a nadie.