Me acabo de enterar. Feliz día del teletrabajo.
Voy a tomar mi tercer café de la mañana y después tiendo la cama.
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Creo que esta historia ya la conté, pero como estoy entrando en la edad en que repito cuentos… 10 am: Caminando encontramos una venta de hamburguesas. A ocho metros del local un repartidor de volantes. La hoja brillante decía. Hoy combo por 16 mil. Entremos y compremos algo antes del almuerzo. Adentro nos recibe una niña igualita al personaje de la película Encanto. _¿ Ampliamos sus papas? _¿Le ponemos pepinillos? -¿Quiere más gaseosa, qué tal una grande? -¿Quiere otra porción de queso? La niña era un encanto y yo solamente salivaba. A cada respuesta, preguntaba inmediatamente. La cuenta final fue por el doble del volante. Detrás de esas gafas, ese negocio tenía una vendedora y no una tomadora de pedidos.
He tenido la oportunidad de ir a tomar tinto a varios eventos empresariales. Se lo debía a mis amigos de las agencias. Llevo dos sombreros, el de periodista y el de vendedor de pauta. En ambos soy como el doctor Jekyll y el señor Hyde, me refiero a dos personajes con extremos diferentes. Aclaro no por misántropo, sí por tímido. En mi papel de periodista hago preguntas y nadie se da cuenta de que de eso no sé. Pero como vendedor soy tímido y torpe al momento de ofrecer los espacios que vendo. Sueño lo mismo que los cantantes bohemios que esperan que su talento los saque del anonimato y no su mánager. El acto más técnico es pedir tarjetas o copiar códigos QR que son las nuevas formas de tomarle las placas a los posibles anunciantes. Ocho días después tengo un arrume de papelitos y tarjetas de gente chevere, sonriente, que llenó mi maletín de lapiceros. Pero no los recuerdo. Entonces empecé a anotar datos adicionales, gafas, congreso de tal o tal cosa, compartió conmigo gallet...
36 minutos antes de tomar el taxi que me llevaría al aeropuerto, metí tres veces mal la clave de mi banco ¿Y adivine? Llamé ocho veces al banco para que me ayudara a recuperar la clave. Ocho veces se cayó la llamada, después de pasar por un generoso menú. Al final me puede pasar los 10 mil pesos que me faltaban para completar los 30 mil pesos de la carrera del hotel hasta Aeropuerto Internacional Matecaña. En el lobby; Diego Dueñas responsable y apasionado por la innovación y otras cosas…(quien en un acto de generosidad corrigió este mensaje, eliminando su hoja de vida). Hacía la diligencia para pedir un taxi que llegaría unos minutos después. arriesgándose a perder su viaje.El anterior al mío. La propuesta: compartamos vehículo. Al llegar al aeropuerto el taxista nos cobró 40 mil pesos. Por dentro dije. - Éste nos está tumbando y estuve a punto de discutir el precio. Pero, como la charla estuvo chévere en el tr...
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