He tenido la oportunidad de ir a tomar tinto a varios eventos empresariales. Se lo debía a mis amigos de las agencias. Llevo dos sombreros, el de periodista y el de vendedor de pauta. En ambos soy como el doctor Jekyll y el señor Hyde, me refiero a dos personajes con extremos diferentes. Aclaro no por misántropo, sí por tímido. En mi papel de periodista hago preguntas y nadie se da cuenta de que de eso no sé. Pero como vendedor soy tímido y torpe al momento de ofrecer los espacios que vendo. Sueño lo mismo que los cantantes bohemios que esperan que su talento los saque del anonimato y no su mánager. El acto más técnico es pedir tarjetas o copiar códigos QR que son las nuevas formas de tomarle las placas a los posibles anunciantes. Ocho días después tengo un arrume de papelitos y tarjetas de gente chevere, sonriente, que llenó mi maletín de lapiceros. Pero no los recuerdo. Entonces empecé a anotar datos adicionales, gafas, congreso de tal o tal cosa, compartió conmigo gallet...
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