Subiendo la reja

El sábado me reuní con un emprendedor. Su meta. Tener una página web de su negocio. Intenté ser diplomático. Así de delicado como siempre. Obsesionado, con su objetivo, consideraba que tener la página dispararía las ventas. Le insistí en algo simple: en una página web como en este local, toca barrer todos los días, arreglar la estantería y sobre todo atender cuando alguien por casualidad entre. Me respondió: que la esposa de un amigo le va a cobrar poquito por hacerla. Le respondí: hágala.

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