Creo que esta historia ya la conté, pero como estoy entrando en la edad en que repito cuentos… 10 am: Caminando encontramos una venta de hamburguesas. A ocho metros del local un repartidor de volantes. La hoja brillante decía. Hoy combo por 16 mil. Entremos y compremos algo antes del almuerzo. Adentro nos recibe una niña igualita al personaje de la película Encanto. _¿ Ampliamos sus papas? _¿Le ponemos pepinillos? -¿Quiere más gaseosa, qué tal una grande? -¿Quiere otra porción de queso? La niña era un encanto y yo solamente salivaba. A cada respuesta, preguntaba inmediatamente. La cuenta final fue por el doble del volante. Detrás de esas gafas, ese negocio tenía una vendedora y no una tomadora de pedidos.
He tenido la oportunidad de ir a tomar tinto a varios eventos empresariales. Se lo debía a mis amigos de las agencias. Llevo dos sombreros, el de periodista y el de vendedor de pauta. En ambos soy como el doctor Jekyll y el señor Hyde, me refiero a dos personajes con extremos diferentes. Aclaro no por misántropo, sí por tímido. En mi papel de periodista hago preguntas y nadie se da cuenta de que de eso no sé. Pero como vendedor soy tímido y torpe al momento de ofrecer los espacios que vendo. Sueño lo mismo que los cantantes bohemios que esperan que su talento los saque del anonimato y no su mánager. El acto más técnico es pedir tarjetas o copiar códigos QR que son las nuevas formas de tomarle las placas a los posibles anunciantes. Ocho días después tengo un arrume de papelitos y tarjetas de gente chevere, sonriente, que llenó mi maletín de lapiceros. Pero no los recuerdo. Entonces empecé a anotar datos adicionales, gafas, congreso de tal o tal cosa, compartió conmigo gallet...
La frase de uno de los hermanos Bilbao se ha ido popularizando. Recoge la necesidad de la alta gerencia por transmitir éxito, eficiencia y el estilo de vida de quienes se suben al barco pirata. Parte del trabajo de los directivos es volverse la imagen pública de su organización. Muchos lo intentan, pocos lo logran. La buena noticia es que no tienen que convertirse en divas o divos. Con que hablen de corrido y den declaraciones permanentemente, con consistencia, van a ir consolidando esa tarea. Atrás quedó, dicen los que saben, el bajo perfil. Ser anónimo es un error que se paga en la meta del mes.
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